Muchos trastornos de la conducta alimentaria comienzan con algo aparentemente positivo, cuando un adolescente, mujer o varón, decide comer más saludable.
Debemos prestar atención cuando empieza a eliminar grupos de alimentos sin justificación, siente culpa después de comer, evita reuniones donde hay comida o se angustia ante la posibilidad de subir de peso.
También son señales de alerta el ejercicio compulsivo, las visitas frecuentes al baño después de comer y los cambios bruscos de humor.
Hay que tener en cuenta que no todos los adolescentes con un trastorno alimentario están delgados. Algunos pueden tener un peso aparentemente normal.
Evita hacer comentarios sobre su cuerpo, obligarlo a comer o minimizar sus preocupaciones. Busca una evaluación profesional temprana y no esperes a que pierda peso. Un trastorno alimentario puede avanzar sin que la balanza lo revele.




