Cuando suben los precios, comer saludable parece más difícil. Sin embargo, alimentarse bien no significa comprar los productos más caros.
Lo primero es priorizar alimentos nutritivos y rendidores, como menestras, huevos, avena, arroz, verduras y frutas de estación.
Si la carne está cara, puedes reemplazar algunas porciones por lentejas, frejoles o garbanzos. Si el pescado fresco cuesta demasiado, las conservas de sardina o anchoveta son buenas alternativas.
Para las frutas y verduras, elige las de temporada, compara precios y aprovecha las que puedas utilizar en varias preparaciones.
También revisa cuánto gastas en gaseosas, snacks, bebidas azucaradas y otros productos que aportan poco valor nutricional. Cuando el presupuesto se ajusta, no empieces por quitar nutrientes. Busca reemplazar los alimentos caros por alternativas nutritivas y económicas.




