Refugiado en su caseta, debajo de una mesa y junto a su silla, logró sobrevivir ocho días el vigilante Hernán Gil, quien ayer fue rescatado de entre los escombros de un edificio colapsado en la localidad de Catia La Mar, en La Guaira, tras los terremotos del 24 de junio. 

“¡Viva Venezuela!”, gritó un rescatista chileno mientras llevaba al hombre hasta la ambulancia que lo iba a trasladar a una clínica de Caracas.

“No se golpeó, no tiene traumatismos, él logró esconderse debajo de una mesa, una silla”, contó su esposa Gusbimar González, al calificar su rescate como “un verdadero milagro”. Ella estuvo frente al edificio destruido, que Gil cuidaba, desde el jueves, un día después de la tragedia, esperando alguna noticia de su esposo, con quien tiene un hijo de diez años.

“El movimiento hizo que la garita se desplazara, se quedó entre las paredes”, dijo Gonzáles a la agencia AFP.

Aplausos

Gil salió por un túnel de unos tres metros construido por unos 100 socorristas de Estados Unidos, Costa Rica, Chile, entre otros, que trabajaban sin descanso, al tiempo que le proporcionaban agua, aire y medicamentos mediante sondas y una manguera.

Fue el domingo cuando los rescatistas supieron que había un hombre con vida entre los escombros del edificio parcialmente destruido y el lunes empezaron los trabajos, de día y noche, para poder liberarlo. Se le escuchaba pedir ayuda y podía comunicarse con los rescatistas.

Según voluntarios de la Cruz Roja venezolana, Hernán pudo preservar su vida gracias a la garita, que fue su escudo de protección.

El vigilante se encontraba en “un paso subterráneo en una caseta de seguridad con 140 toneladas de escombros encima”, añadió un portavoz de la Cruz Roja de Costa Rica.

La tomografía arrojó una luxación de clavícula izquierda, hematoma subgaleal parietal izquierdo, leve sinusitis inflamatoria etmoidal y frontal. Por protocolo se encuentra en cuidados intensivos.

Los rescatistas, luego del existoso trabajo, se agruparon frente a la entrada del edificio destruido, donde posaron juntos sosteniendo las banderas de Venezuela, Chile y Costa Rica como símbolo de solidaridad y cooperación.

Los terremotos dejaron hasta ayer 2295 muertos y 11,267 heridos. Suman 13 los rescatados de entre los escombros.