Cuando hablamos de fortalecer el sistema inmunitario, solemos pensar en la vitamina C, el zinc o incluso en una buena alimentación. Pero hay un mineral que muchas veces pasa desapercibido y que es clave para mantener nuestras defensas activas y equilibradas. El magnesio.

El magnesio ayuda a que nuestras células inmunitarias, como los linfocitos T y los macrófagos, se activen y respondan correctamente frente a virus, bacterias y otras amenazas.

Además, participa en la producción de anticuerpos, regula los niveles de inflamación y evita respuestas inmunitarias exageradas que pueden dañar al organismo. Otro beneficio poco conocido del magnesio es su papel en el equilibrio del intestino, donde se concentra gran parte del sistema inmunitario.

Así, el magnesio no solo protege a nivel celular, también contribuye a proteger el sistema digestivo, creando una barrera adicional frente a las enfermedades.

Durante el ejercicio, especialmente si es intenso o prolongado, el cuerpo pierde magnesio a través del sudor y la orina. Si ese mineral no se repone, sus niveles pueden disminuir y afectar tanto el rendimiento como las defensas.

Una deficiencia de magnesio puede hacer que estemos más propensos a resfriados, molestias respiratorias o infecciones leves. Por eso, si haces ejercicio con regularidad, es importante prestar atención a la ingesta de este mineral.

El magnesio se encuentra en alimentos naturales y deliciosos como el cacao, las semillas de calabaza, las almendras, el germen de trigo y los garbanzos, entre otros. Sin embargo, debido a que muchas personas presentan deficiencia de este mineral, complementar la dieta con Magnesol puede ser una buena alternativa.

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