Cuando llegué a Brasil y daba mis primeros pasos en la ciudad de Río de Janeiro, observé que desde lo alto del cielo y sobre una montaña un gigantesco monumento no pasaba desapercibido para mis ojos. Era el famoso Cristo Redentor o Cristo del Corcovado, ícono brasileño y una de las siete maravillas del mundo moderno.
Similar experiencia viví cuando aterricé años después en la ciudad de Quito, capital de Ecuador. Esta vez también desde las nubes resaltaba una enorme escultura llamada La Virgen de El Panecillo o popularmente conocida como “La virgen con alas”. Desde distintos puntos del centro de la ciudad de Quito se deja ver el monumento de aluminio de 41 metros de altura y que se encuentra en la cima de una colina conocida como El Panecillo.
Recuerdo que para llegar hasta ese lugar y tomarme una fotito tuve que solicitar un taxi para que me dejara al pie de la estatua porque me recomendaron por seguridad no ir caminando. Esta atracción turística se encuentra a poco más de tres kilómetros de distancia desde el Centro Histórico de Quito.
Cuando son rutas cortas prefiero caminar, pero a veces hay excepciones con la finalidad de prevenir malos momentos. Tuve que pagar cinco dólares de ida y otros cinco de vuelta para regresar sano y salvo al hospedaje, pero lo más importante es que llegué hasta el imponente monumento.
La majestuosa estatua fue creada por el español Agustín de la Herrán en 1975. La figura fue inspirada en la Virgen de Legarda del siglo XVII de Bernardo Legarda, uno de los exponentes de la escuela quiteña, que abarcaba a un conjunto de manifestaciones artísticas (escultura, arquitectura y pintura) que se originaron en la Real Audiencia de Quito entre los siglos XVI y XVIII.
La mencionada imagen representa a la Virgen María con alas sosteniendo una cadena que aprisiona a una serpiente. Dicha acción simboliza la victoria sobre el mal, de acuerdo a las escrituras del libro bíblico del Apocalipsis.
La obra monumental presenta 7400 piezas numeradas y han sido colocadas como rompecabezas, unidas con pequeños fragmentos de platino y ajustadas con pernos. La base que sostiene a la majestuosa estatua mide 11 metros y presenta un balcón que rodea a la figura y donde los turistas tienen una vista amplia de toda la ciudad.
El visitante, mientras sube por una estrecha escalera, puede detenerse en cada uno de los cuatro pisos para informarse a través de fotografías colocadas en las paredes sobre el proceso de construcción de la escultura. La también llamada Virgen de Quito tiene su mirada puesta con dirección a los barrios del norte de la capital ecuatoriana, cuyos habitantes dicen estar bendecidos. Por lo menos, yo me sentí insignificante al lado de la colosal virgen. Nos vemos.