Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Patricia, de 38 años, que nos escribe desde San Juan de Lurigancho.

Doctora Magaly Moro, le escribo porque me siento llena de impotencia debido a lo que ocurre en mi hogar. Mi esposo Raúl es un hincha acérrimo de Lionel Messi y por ello preparó una fiesta enorme el domingo para ver la final del mundial. Organizó una parrilla con la familia y unos amigos porque estaba convencido de que vería a Messi alzar su última copa. Pero todo se derrumbó con la derrota 1-0 frente a España.

Desde ese momento mi casa se volvió un calvario de silencio y la parrilla parecía un velorio. Ahora mi esposo no quiere hablar de fútbol y se molesta si escucha comentar acerca del triunfo de España. Lo peor es que ha dejado abandonada la bodega que tenemos en casa. Siento que se le está pasando la mano por un simple juego.

Me da rabia ver cómo descuida nuestro trabajo por andar sumido en la pena por un simple partido. La bodega es nuestro sustento diario y no podemos darnos el lujo de cerrar la atención. Entiendo su pasión deportiva, hasta comprendo que en el momento de la derrota haya sentido dolor, pero siento que está exagerando con sus lamentaciones y eso nos afecta a ambos como pareja. No sé cómo sacarlo de esa tristeza para que vuelva a producir.

Le he dicho de todo para que reaccione, pero solo recibo desplantes y mala cara. Me molesta profundamente su falta de madurez para afrontar una decepción así. Ya no sé qué hacer para que cumpla con sus deberes de adulto. ¿Cómo logro que reaccione y regrese a trabajar?

CONSEJO

Querida Patricia, comprendo tu frustración, pues la estabilidad del negocio familiar es lo primordial. Háblale con firmeza sobre las responsabilidades compartidas de la casa. Hazle ver que su tristeza es respetable, pero descuidar la bodega no es una opción viable. Necesita entender que la vida continúa más allá de un resultado deportivo. Mucha suerte.